Escrito a pluma #08
Septiembre siempre me resultó un mes delicioso. Reencuentros pasando lista de anécdotas y amores veraniegos de las amigas, disfrutar del aire libre sin que las palabras “ qué calor ” sean pronunciadas cada siete segundos, dormir tapada pero seguir vistiendo tirantes.
Esto si vives en Madrid como yo, claro, si eres gallega, vasca o asturiana considérate afortunada por haberte librado de un agosto asfixiante.
Aunque pueda parecerlo, no he venido a hablar del tiempo.
Este verano ha pasado por delante de mí como un suspiro. Y ya casi se acaba. No quiero cabrearos, pero me alegro un poco de volver a la normalidad. Hay algo del verano que me incomoda. Será porque me resisto al cambio, a la sensación de estar lejos de casa, de mi cama,de mis cosas.
Por eso mi plan de este año ha sido no hacer planes y ver cómo la gente de piel tostada subía fotos paseando por playas infinitas y good vibes.
Mientras tanto, yo, disfrutaba de un Madrid vacío y un taller enorme sin el tiempo empujándome, sin prisa por salir de él y dejarme así, al fin, divagar. Soy una anciana encerrada en un tipazo; lo sé.
La única escapada que hice fue con mis plumas, fieles compañeras de viaje, a un festival —seguramente lo sepas ya porque no hablé de otra cosa en las redes; para una aventura que me doy, tenía que contarlo —.
Me encanta cuando trabajo y placer se entremezclan y vuelven difusa la línea que los separa.
He aprendido —cosas básicas, como que doce horas diarias son muchas para una sóla persona—, he llevado mi trabajo hasta manos remotas y me he divertido; todo concentrado en el mismo espacio-tiempo. He contestado “lo hago yo” en diversos idiomas. Me familiarizaba en tiempo récord y acababa diciéndole questo è bellissimo a un grupo de italianas que pasaban por allí. He conocido a gente interesante y las plumitas han recibido halagos en mil lenguas.
Mi cuerpo no titubeó, se mantuvo erguido y saludable ante las escasas horas de sueño, el sol en la cara, los bailecitos de postre; incluso sobrevivió a un ciclón. ¿Os he contado eso? El SEGUNDO día de mercadillo un viento furioso tiró abajo el puesto que con tanto cariño habíamos montado. La policía nos desalojaba, mis amigos sujetaban la carpa para que no se volara, yo al principio reía, luego lloraba. En fin, al final salvamos mis más preciados tesoros y entre los mercaderes no se hablaba de otra cosa.
Pero de lo que quería hablar en realidad, más que de mi viajecito, es de lo importante que es la familia en un proyecto propio.
Enserio, si tienes una amiga que tiene una peluquería, un chiringuito en la playa o un proyecto musical y eres de esas que siempre le dice lo orgullosa que está de ella y le señala cómo puede hacerlo mejorar, por favor, SIGUE HACIÉNDOLO.
Aunque se lo hayas dicho mil veces, aunque te sientas ya una pesada, sigue, porque no sabes cómo se agradece desde el otro lado.
Antes he dicho que doce horas eran muchas para una sola, pero yo no fui sola, y no me refiero sólo a las personas que estuvieron allí físicamente, aunque me salvaran literalmente la vida.
A lo largo de siete años, desde que nació Súa Pluma, ha pasado mucha gente por su lado. Básicamente todo el que pasaba por el mío. Cada una de esas personas han aportado algo distinto al proyecto.
Si éste ha evolucionado ha sido gracias a ellas. Se ha ido construyendo como se forman las personalidades, cogiendo de aquí y de allá lo que gusta, lo que hace sentir bien, desechando lo que sobra. Si me atreviera a nombrarlas me odiarías. Son demasiadas.
Bien, pues cada momento del festival que indicaba que “la cosa iba bien” sentía que esas personas estaban conmigo; celebrando, abrazándome. Por eso sí, apoya a tu amiga o a tu hija o a tu madre porque eres parte de ello. Porque una sola no puede, o sí puede pero sintiéndose sostenida.
Gracias a todas las que estáis leyendo estas líneas, por sostenerme. Por formar parte de esta familia peculiar, a la que ojalá se sigan uniendo, asi como lo hacen las personas que se van cruzando en el camino.
Por todo este agradecimiento que traigo dentro, mi amor por el mes de septiembre, y porque sé que los bolsillos tiemblan tras los caprichos veraniegos, he decidido hacer descuentitos de entretiempo a lo largo de este mes.
Sé que hay quien todavía tiene ganas de lucir sombreros. Que hay muchas bodas a la vista a las que llevar tocados y ser la invitada más salvaje y elegante al mismo tiempo, y que las plumas son atemporales; siempre sientan bien.
Quería avisaros por aquí, a las íntimas, antes que a nadie. Si tenías pensado hacerte un auto regalo de Súa Pluma, quizá septiembre sea tu momento.
¿Qué tal vosotras? Me encantará leeros y que me contéis si os han pasado cosas más interesantes que a mí este verano, seguro que sí. Y que me recomendéis festivales, porque me he dejado seducir por la vida pirata de mercader, y ya me estoy imaginando el año que viene con mi futuro coche-casa viajando de uno a otro.
Respecto a mi verano, no os preocupéis, en realidad ha sido bonito, aunque espero darme una merecida semana de vacaciones con mi novio, al cual Rosalía me lo ha secuestrado. Pero eso ya os lo contaré otro día.
Os dejo una canción de jueves que sonaba en mi cabeza esta mañana, que dice << tantos planes hechos espuma >>, como el mío de escribir una newsletter quincenal, el cual ha mutado a: Escribiros cuando tenga el tiempo para hacerlo con todo el placer.
¡Ciao bellas, feliz septiembre!



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